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El respeto de la dignidad de la persona migrante como piedra angular de los derechos humanos

  • hace 12 minutos
  • 3 min de lectura

LIc. Magaly Zúñiga Céspedes

Investigadora, OSMECA


Un cordial saludo para Monseñor Daniel Blanco, el Padre Gustavo, Jesús de la Torre y para todas las personas que nos escuchan. Agradezco mucho la oportunidad de participar de esta actividad.


El respeto a la dignidad de la persona humana es la piedra angular tanto de la doctrina social de la Iglesia como de los derechos humanos.


Como nos recordaba Monseñor, esta dignidad es un don que precede a toda condición social, económica o jurídica, y que estamos llamados a defender por igual para todos, en todos los ámbitos, pues dejar de hacerlo implica aceptar que cualquiera de nosotros puede ser despojado de esa dignidad.


En este sentido la migración forzada pone a prueba nuestros sistemas sociales, políticos e institucionales y saca a la luz sus tendencias hacia la protección o hacia la desprotección de los derechos humanos de todas las personas.


Y es que como lo decía Monseñor, allí donde se respetan los derechos humanos se fortalece la paz, y donde se niegan los derechos humanos, crecen la exclusión, la violencia y el sufrimiento.


Hoy tenemos en nuestros países a más personas deportadas y a personas que se han visto coaccionadas a retornar; más personas que buscan asilo, refugio y nuevos destinos, luego de ser forzados al desarraigo una vez más.


Estas nuevas situaciones migratorias plantean nuevas demandas y desafíos tanto a las instituciones gubernamentales y sociales como a las eclesiales. En muchos países, las instituciones gubernamentales están respondiendo con subordinación a las políticas anti migrantes de los Estados Unidos, mostrando retrocesos importantes en los logros alcanzados en torno a la defensa de los derechos humanos.


Para las organizaciones de la iglesia católica, esta situación profundiza la necesidad de salir en defensa de las personas migrantes y sus derechos humanos.


Esto requiere como decía Monseñor un acompañamiento pastoral integral, que incluya una sólida capacidad de incidencia pública.


Esta capacidad de incidencia pública tiende a depositarse sobre los líderes de la Iglesia, cuya voz profética es sin duda indispensable. En los últimos meses la hemos visto levantarse a través de múltiples pronunciamientos de las conferencias episcopales, tanto de los Estados Unidos, como en México y países como Costa Rica. También hemos visto a los líderes de casas y centros de protección para las personas migrantes, apelar a las instituciones encargadas de proteger los derechos humanos, como las Defensorías de los habitantes, para tratar de evitar que las instituciones encargadas de los trámites de asilo y refugio sigan extendiendo los plazos indefinidamente.


Quisiera subrayar que esta labor de incidencia pública también se hace desde abajo hacia arriba y de manera horizontal. Es lo que hemos encontrando al observar las buenas prácticas pastorales de tantas casas de acogida diocesanas, obras de congregaciones e intercongregacionales.


Son lugares de puertas abiertas, que invitan a diversos grupos de las comunidades locales a visitar las casas del migrante y a encontrarse cara a cara con las personas migrantes.


Son parroquias donde las personas migrantes o refugiadas tienen la oportunidad de participar en celebraciones religiosas junto a las personas de la comunidad y dar a conocer sus historias.


Son parroquias en comunidades de destino donde las personas migrantes que así lo desean, son acogidas como agentes pastorales, que con su testimonio de fe y esperanza las revitalizan.


Son casas de acogida donde las personas migrantes, que deben pasar allí varias semanas, tienen la oportunidad de apoyar con su trabajo voluntario a otras personas migrantes o en situaciones de mayor vulnerabilidad.


Son organizaciones que favorecen la integración de niños y niñas migrantes en las escuelas de las comunidades de acogida, donde las familias pueden interactuar y empatizar con ellos.


Son organizaciones cuyo equipo de trabajo acude a cuanto espacio público se les ofrece para dar a conocer las situaciones de las personas migrantes.


Son organizaciones que trabajan con grupos de personas migrantes y locales en situación de vulnerabilidad, para favorecer su desarrollo humano integral y sus capacidades para generar medios de vida. Son organizaciones que empoderan a líderes comunitarios migrantes y locales para trabajar juntos.


Todas estas son prácticas cuyo denominador común es poner en el centro la dignidad de las personas y propiciar el encuentro entre ellas. En estos espacios donde es posible mirarse a los ojos de tu a tu, las barreras caen, se abre la oportunidad del encuentro fraterno y se desarrollan lazos que combaten la xenofobia, la indiferencia y la discriminación.


Mi mensaje es una invitación a no perder de vista que todo esto también es parte de esa incidencia pública, de persona a persona, que se puede hacer de manera constante y perseverante, con el efecto de la gota de agua en la piedra, con la mirada puesta en la esperanza de salvaguardar los derechos humanos de las personas migrantes y por lo tanto de todos nosotros.

 
 
 

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Iniciativa pastoral con análisis e investigación sobre la migración en Mesoamérica y El Caribe.

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