De la dignidad humana a la solidaridad internacional: Una lectura al pensamiento del Papa León XIV sobre la migración
- 18 jun
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Mgr. Gerardo Cruz González
Coordinador de Formación y Reflexión de OSMECA
“Es importante que crezca en el corazón de la mayoría
el deseo de esperar un futuro de dignidad
y paz para todos los seres humanos”
León XIV
1. Introducción
La migración, fenómeno característico de la contemporaneidad, se presenta como un verdadero locus theologicus en el que la Iglesia discierne la acción de Dios en la historia. Ante todo, constituye un desafío social, político, económico, pastoral y teológico, que fue abordado de manera profunda y exhaustiva por el Papa Francisco, quien incluso se reconoció a sí mismo como migrante. Francisco, a la par de constituir una voz profética de denuncia ante el trato dado a los migrantes y refugiados, armó un diseño pastoral que consiguió universalizar en la Iglesia y en diversas instituciones a nivel mundial. Son famosos los cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar, que funcionan como marco pastoral y teológico, los cuales proyectó para orientar la acción de la Iglesia y de la sociedad frente al fenómeno migratorio.
Por su parte, el Papa León XIV, ha abordado el fenómeno en diversas ocasiones emitiendo declaraciones breves, pero sustanciales. La más importante, a nivel magisterial y que no es breve, fue el Mensaje a la 111ª. Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado (2025) donde afirmó que “Los migrantes y refugiados son misioneros de esperanza, testigos de la fe y de la búsqueda universal de dignidad y paz, que recuerdan a la Iglesia su vocación peregrina hacia la patria definitiva.” La clave del documento y mensaje central del mismo es que la migración no es solo un drama social, sino también un signo teológico que interpela a la Iglesia y la humanidad a vivir la esperanza y la fraternidad universal.
Más recientemente, otras declaraciones del Papa León XIV, realizadas en abril de 2026 durante el vuelo de regreso a Roma de su visita apostólica a varios países de África y en vísperas de su visita pastoral a España, constituyen un aporte significativo al pensamiento social de la Iglesia, y a la vez desvelan como concibe el Papa el fenómeno de la migración y su visión pastoral. Su afirmación: “Son seres humanos y tenemos que tratarlos en un modo humanitario, no peor que a las mascotas de casa”, revela la centralidad de la dignidad humana en la reflexión eclesial y abre un horizonte de discernimiento pastoral.
Junto al principio de la Dignidad humana, en ese trayecto de viaje, el Papa abordó otros cuatro puntos sustanciales en su visión de las migraciones forzadas.
2. Dignidad humana
El fundamento último de la enseñanza del Papa se encuentra en la doctrina de la imago Dei (cf. Gaudium et Spes, 12). Reconocer en cada migrante un ser humano portador de la imagen divina implica afirmar la inviolabilidad de su dignidad ontológica. La deshumanización, denunciada por León XIV, constituye una negación práctica del mandamiento del amor y una contradicción de la vocación de la Iglesia a ser sacramento de unidad (Lumen Gentium, 1). En este horizonte, la migración se configura como un verdadero locus theologicus, un espacio histórico en el que se pone a prueba la fidelidad de la comunidad cristiana al Evangelio y su capacidad de discernir la presencia de Cristo en los más vulnerables.
3. Derecho de los Estados
El Papa reconoce el derecho de los Estados a regular sus fronteras, pero subraya que este derecho no puede ejercerse en detrimento de la dignidad de las personas. Se trata de un equilibrio entre la legítima soberanía y el principio de la dignidad humana, ya señalado por Benedicto XVI: “La migración es un fenómeno que suscita problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos, pero también constituye una oportunidad” (Caritas in veritate, 62). La teología moral ilumina este punto al recordar que los derechos de los Estados deben estar subordinados al bien común universal.
4. Fenómeno global
León XIV insiste en que la migración no es un problema exclusivo de un país o región. En realidad, se trata de un fenómeno global que afecta también a Estados Unidos y otras regiones. Además de entender que es un fenómeno que afecta a todas las regiones del globo, también muestra que su visión universal se corresponde con la enseñanza de Francisco en Fratelli tutti, donde se afirma que “nadie puede quedar excluido” (FT 39-40). La movilidad humana interpela a la Iglesia a vivir la catolicidad en su sentido más profundo: una apertura universal que trasciende fronteras y nacionalismos.
De hecho, la migración forzada está globalizada y además profundamente relacionada a temas económicos, socioambientales, demográficos, políticos e incluso bélicos. De hecho, la instrucción, Erga migrantes caritas Christi (2004), del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, y que está en la línea de lo planteado recientemente por el Papa León XIV, considera la migración forzada como un fenómeno global desde una perspectiva teológica y pastoral y ello le permite reconocer que la movilidad humana no es un hecho aislado, sino un signo de los tiempos que refleja desequilibrios estructurales como guerras, persecuciones, pobreza, desastres naturales, etc., y por ello interpela directamente a la Iglesia en su misión universal. Entonces a fenómenos globales, respuestas globales.
5. Causas estructurales
El Papa León XIV denuncia la explotación de recursos en África y la falta de oportunidades en el sur global, cuestionando la responsabilidad de los países ricos. Esta denuncia se inscribe en la lógica de las “estructuras de pecado” formulada por Juan Pablo II (Sollicitudo rei socialis, 36), y conecta con la denuncia profética del Papa Francisco que insistió en que la migración forzada es consecuencia de sistemas económicos injustos. En este horizonte, puede proponerse el concepto de “deuda migratoria”, análogo al de “deuda ecológica”: así como los países desarrollados han acumulado riqueza a costa de la degradación ambiental de los pueblos pobres, también han generado dinámicas de movilidad forzada mediante la explotación económica y la desigualdad estructural. Reconocer esta deuda migratoria implica que la acogida no puede limitarse a un gesto humanitario, sino que debe traducirse en políticas de justicia y reconciliación que transformen las causas que generan movilidad, y sobre todo a reparar el daño causado desde los países de economías hegemónicas, instando a que estos países inviertan en estructura de desarrollo para los países pobres, de tal modo que decidir abandonar la casa y la tierra no sea una decisión forzada.
6. Solidaridad internacional
En este mismo sentido, el llamado del Papa a evitar la “globalización de la impotencia” expresa la necesidad de una solidaridad internacional auténtica. En continuidad con Populorum progressio de Pablo VI, que subrayaba que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (PP 76), León XIV invita a los países desarrollados a asumir responsabilidad en la lucha contra la desigualdad y a promover políticas de reconciliación y solidaridad, que miren al bien común. La migración, en esta clave, se convierte en un signo que interpela a la humanidad a vivir la fraternidad universal y en la Paz.
Aún más, la “globalización de la impotencia” que propone el Santo Padre León XIV, se comprende teológicamente como la continuación de la idea de la “globalización de la indiferencia” denunciada por Francisco: cuando el corazón se habitúa a ignorar el sufrimiento del prójimo, la fe corre el riesgo de caer en una parálisis espiritual que se traduce en resignación y esterilidad pastoral. En este sentido, la impotencia no es solo un estado psicológico o social, sino una categoría teológica que revela la incapacidad de la comunidad creyente para encarnar la esperanza del Evangelio en medio de las crisis globales.
7. Conclusión
Las declaraciones del Papa León XIV sobre migración constituyen un aporte significativo al pensamiento social de la Iglesia y constituyen un continuum con le magisterio precedente. Su insistencia en la dignidad humana, su reconocimiento del derecho de los Estados, su visión global del fenómeno, su crítica a las causas estructurales y su llamado a la solidaridad internacional ofrecen una visión teológico-pastoral que ilumina la acción de la Iglesia en el presente. En continuidad con Francisco y en diálogo con la tradición magisterial, León XIV nos recuerda que la migración no es un problema a resolver, sino un lugar teológico donde se revela el rostro de Cristo en los más vulnerables.
Su propuesta adquiere un carácter profético: invita a superar la resignación mediante una solidaridad internacional auténtica, que no se limite a gestos aislados, sino que se traduzca en estructuras de hospitalidad, reconciliación, justicia e incluso reparación. Así, la teología que acoge esta advertencia se convierte en praxis transformadora, capaz de convertir la impotencia en esperanza y la indiferencia en comunión, mostrando que la misión de la Iglesia consiste en abrir caminos de fraternidad allí donde el mundo parece condenado a la parálisis.
Referencias bibliográficas
Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, 1965.
Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, Constitución dogmática sobre la Iglesia, 1964.
Pablo VI, Populorum progressio, Encíclica sobre el desarrollo de los pueblos, 1967.
Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, Encíclica sobre la preocupación social de la Iglesia, 1987.
Benedicto XVI, Caritas in veritate, Encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, 2009.
Francisco, Fratelli tutti, Encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, 2020.
León XIV, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 2025.
León XIV, Declaraciones en rueda de prensa durante el vuelo de regreso de Guinea Ecuatorial, abril 2026.





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