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Llamados a acompañar: La libertad, la dignidad, la esperanza de las personas detenidas

hace 4 días
6 min de lectura

Hna. Ana Silvia Zamin, mscs

Asistente Migrant Hospitality Ministry

El Paso, Texas- EUA


La Hna. Ana Silvia Zamin, mscs, reflexiona sobre el acompañamiento a las personas migrantes detenidas como encuentro con Cristo. Desde su servicio en El Paso, Texas, muestra cómo la cercanía pastoral hace tangible la misericordia de Dios. Su testimonio invita a defender la dignidad humana, cuidar los vínculos familiares y sostener la esperanza. Acompañar es, así, una exigencia del Evangelio que transforma a la Iglesia y fortalece la fraternidad.


¿Qué significa ser libre? Poder abrazar a un hijo, llamar a la madre, trabajar, caminar sin miedo y decidir cómo construir el mañana. La libertad no es solamente abrir una puerta: es conservar los vínculos, la voz, la esperanza y la posibilidad de participar en la propia vida. Por eso, cuando una persona migrante es detenida y deportada, la reja no encierra únicamente su cuerpo; también puede interrumpir sus proyectos, separar a una familia y dejar preguntas dolorosas sobre un futuro incierto.


En la frontera entre Estados Unidos y México, el Migrant Hospitality Ministry (Ministerio de Hospitalidad a Migrantes) surge como una respuesta pastoral de la Diócesis de El Paso (El Paso, Texas) ante la compleja realidad de la política migratoria. Su misión nace del llamado evangélico a reconocer en cada persona migrante el rostro de Cristo y responder desde la hospitalidad, la misericordia y la defensa de la dignidad humana.


Inspirado por la Sagrada Escritura, la Doctrina Social de la Iglesia y la invitación a “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata, el Ministerio desarrolla una pastoral que va más allá de la asistencia humanitaria. Busca acompañar procesos humanos, familiares, espirituales y sociales, reconociendo que cada persona tiene una historia, vínculos, capacidades y sueños que merecen ser respetados.

El modelo pastoral “Llamados a acompañar” reconoce que la promoción y la defensa de los derechos humanos forman parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. Este compromiso nace de la convicción de que cada ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad que ninguna circunstancia puede disminuir. Desde junio de 2024, el Ministerio ha desarrollado su labor mediante el acompañamiento en las cortes de migración, en los centros de detención y a las familias afectadas por las políticas migratorias.


Dentro de esta misión, el acompañamiento a las personas migrantes detenidas por el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de U.S.) constituye una expresión concreta de una pastoral creativa, humanizadora y transformadora. Muchas de estas personas son trasladadas desde distintos Estados del país a los centros de detención en: El Paso Processing Center, Camp East Montana y Otero County. Desde que comenzaron las visitas a estos centros, en junio de 2025 hasta la fecha, el Ministerio ha acompañado a más de 1.250 personas mediante visitas personales y llamadas telefónicas, apoyo en trámites migratorios, entrega de documentos y ayuda para mantener la comunicación con sus familias, incluyendo recargas telefónicas. A todo ello se suma el acompañamiento humano y espiritual, que busca ofrecer cercanía, esperanza y dignidad a quienes atraviesan esta difícil situación. Esta labor ha sido posible gracias a la colaboración de aproximadamente 40 voluntarios.


El Evangelio nos invita a reconocer a Cristo en quienes atraviesan estas experiencias: “Era migrante y me acogieron” (Mt 25,35) y “estuve en la cárcel y me visitaron” (Mt 25,36). Para el Ministerio, acercarse, escuchar y acompañar es una experiencia transformadora: significa tender una mano a quien se siente solo, acoger sus preocupaciones, valorar cada palabra y cada silencio, y hacerse hermano y hermana en el camino. Esta misión nos permite comprender que la detención no afecta solamente a quien la vive, sino también a sus seres queridos, especialmente a los niños que sufren la ausencia de sus padres.


En una de las visitas, encontré a I. C. profundamente triste. Llevaba un año y ocho meses detenida, a la incertidumbre sobre su futuro se sumaba su preocupación por sus hijas. La menor, de apenas cinco años, no quería ir a la escuela y presentaba señales de depresión. I. C. me expresó su angustia ante la posibilidad de pasar una tercera Navidad lejos de su familia y me pidió que regresara la semana siguiente. Su historia me hizo comprender, una vez más, que acompañar es mucho más que realizar una visita: es escuchar el dolor, permanecer cerca en medio de la incertidumbre y ofrecer una presencia que sostenga la esperanza. A veces, una llamada telefónica o el compromiso de regresar pueden parecer gestos pequeños, pero para quien vive separado de su familia significan recuperar la cercanía, sentirse recordado y descubrir que no está solo. Así, el Evangelio se hace vida en los pequeños gestos de presencia, solidaridad y fraternidad.


La encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco ilumina esta misión al recordarnos que nadie puede afrontar la vida aisladamente y que todos necesitamos una comunidad que nos sostenga y nos ayude a mirar hacia delante (n. 8). Esta convicción se hace realidad en cada visita y en cada gesto que ayuda a las personas detenidas y a sus familias a no sentirse olvidadas. Así lo expresa el testimonio de T. G. M.: “Estuve pidiendo a Dios una señal. No entiendo por qué me está pasando esto, y ahora siento que Dios se manifiesta a través de las personas. Tu visita fue la confirmación de que Él me escuchó. Gracias por estar aquí”. Sus palabras nos muestran cómo una visita puede convertirse en un signo concreto de la presencia de Dios y en una fuente de esperanza en medio de la incertidumbre. El acompañamiento no elimina por sí solo las dificultades ni la angustia, pero crea vínculos de solidaridad, fortalece la esperanza y hace visible que nadie debería enfrentar el sufrimiento en soledad.


Esta mirada encuentra una luz especial en la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV. Al llamar a construir una sociedad que proteja la dignidad y promueva la fraternidad, el documento afirma que “los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños” pueden convertirse en “piedras angulares” de un hogar común hospitalario (n. 16). Esta imagen nos invita a cambiar la perspectiva y no perder el sentido de humanidad, de no acostumbrarnos al dolor, de acoger cada historia como única y no como una más. La importancia de mirar a cada persona en su individualidad, como ser humano, imagen y semejanza del Creador, y no simplemente como un número. Cada persona tiene una historia, un recorrido, un sueño y un ideal. De una u otra manera, todas han contribuido al bienestar del país, han trabajado y han dejado aquí una parte de sus energías vitales.


Esta perspectiva exige una voz profética: anunciar la esperanza y denunciar las prácticas que humillan, deshumanizan o vulneran los derechos humanos. También invita a reconocer que las personas migrantes no son únicamente receptoras de ayuda; son protagonistas de sus propias vidas, portadoras de fe, cultura, conocimientos y capacidades para contribuir a las comunidades de origen y de acogida. La fraternidad se construye cuando el encuentro con quien es diferente deja de ser motivo de miedo y se convierte en una oportunidad de enriquecimiento mutuo (FT, 133).


En medio de la privación de libertad, conmueve la fe y la esperanza que muchas personas mantienen a su manera. Algunas forman “pequeñas comunidades”, se reúnen para escuchar y reflexionar sobre la Palabra de Dios y se sostienen mutuamente. Su testimonio recuerda que la esperanza puede sobrevivir incluso en circunstancias muy difíciles y que quienes reciben acompañamiento tienen mucho que enseñar a quienes los visitan.


Quizá no siempre podamos resolver los problemas ni abrir las puertas que otros mantienen cerradas. Pero podemos estar presentes, escuchar sin juzgar, ayudar a preservar los vínculos familiares y recordar a cada persona que su vida importa. Acompañar es una forma concreta de afirmar que la dignidad humana no se pierde tras las rejas y que la libertad, la fraternidad y la esperanza son bienes que debemos cuidar entre todos.

 

Referencias

  • Migrant Hospitality Ministry, “Llamados a acompañar” (documento base; cifras reportadas por el Ministerio).

  • Papa Francisco, Carta encíclica Fratelli Tutti (3 de octubre de 2020), nn. 8 y 133. Texto oficial en español:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa- francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

 

 
 
 

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