La responsabilidad de proteger los Derechos Humanos

María Eugenia Vázquez, mscs
Directora General
Scalabrinianas Misión con Migrantes y Refugiados (SMR)
Ciudad de México- MX
Esto dice el Señor: “Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia,
porque mi casa será casa de oración para todos los pueblos”. Is 56, 1. 7b. 1
Introducción
En 2012 se creó el Mecanismo para la Protección de las Personas Defensoras y Periodistas a nivel Federal en México, como resultado del impulso conjunto de organizaciones de la sociedad civil mexicana y del acompañamiento de organismos internacionales que, desde el año 2000, habían identificado y documentado un incremento acelerado de las agresiones y asesinatos contra personas defensoras y periodistas en el país. Por su parte, Scalabrinianas: Misión con Migrantes y Refugiados (SMR) desde ese entonces, reconoce que la labor realizada por las y los agentes de pastoral en casas y espacios de atención a migrantes contribuye a proteger su vida y sus derechos. Por ello, quienes llevan a cabo esta labor también son defensoras y defensores de derechos humanos, aunque no siempre se reconozcan como tales.
Velar por los derechos humanos de toda persona, es un imperativo, no una opción para una persona cristiana, porque equivale a proteger la vida, teniendo como principio la universalidad de los Derechos Humanos, sin importar nacionalidad o color de piel, tan solo por el hecho de ser humano. Esta misión convierte a cada discípulo misionero en una persona defensora de derechos, y así debe reconocerse, buscando vivir el Evangelio con fidelidad en el seguimiento de Jesús.
Este texto es un reconocimiento a las personas defensoras de migrantes que actúan en diferentes albergues y centros de atención en todo México. Diversas personas, desde mujeres mayores que desde hace más de 10 años preparan la comida todos los días en el Centro Comunitario de Ayuda a Migrantes en Caborca (CCAM)2, hasta jóvenes, algunos universitarios que, motivados por la justicia social, la dignidad humana y la vida, entregan su día a día por la causa de las personas migrantes y refugiadas, reconociendo el rostro de Jesús en cada una de ellas y ellos.
Las y los agentes pastorales que acogen, protegen, promueven e integran a las personas migrantes, desplazadas y solicitantes de asilo, a través de diversos servicios, desempeñan una labor fundamental. Son personas comprometidas y desinteresadas que debido a la labor que realizan, enfrentan amenazas y riesgos constantes.
Entre estos riesgos se encuentra la acción del crimen organizado, que acecha y vulnera a las personas migrantes, y el rechazo y la estigmatización presentes en algunos sectores de la sociedad, alimentados por discursos racistas y xenófobos y por medios de comunicación que presentan a las personas migrantes como una amenaza.
Asimismo, en determinadas circunstancias, las y los agentes de pastoral pueden verse expuestos a episodios de violencia o amenazas. Estos pueden producirse cuando algunas personas migrantes atraviesan condiciones de cansancio extremo, consumo o dependencia de sustancias, desregulación emocional o alguna crisis de salud mental que afecta temporalmente su comportamiento debido a lo que han tenido que enfrentar.
En México, país de tránsito, destino y refugio para las personas migrantes, gran parte de las organizaciones que trabajan en su favor pertenecen a la Iglesia católica. Sus albergues y otros espacios de atención están dirigidos por religiosas y religiosos, sacerdotes y personas laicas comprometidas que, en distintos momentos y ante situaciones de emergencia, asumieron el compromiso de brindar una respuesta concreta. En numerosos casos, las personas migrantes son víctimas de secuestros por parte de grupos del crimen organizado que buscan lucrar con ellas. Estas situaciones, recurrentes y conocidas en los albergues, se agravan por la presencia de las llamadas “casas de seguridad”3 ubicadas alrededor de sus inmediaciones. Ante este contexto, el temor y la necesidad de conocer lo que ocurre y guardar silencio para evitar represalias se convierten en actitudes frecuentes.
Una misión comunitaria de defensa de los derechos humanos
"Saludad a Priscila y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad.” (Romanos 16:3-4).
Cuántas personas exponen su vida por causa del Evangelio, para proteger la Vida, por creer en un Reino de Dios posible también aquí en la tierra, no lejano, sino cercano y concreto. El texto de Romanos nos ayuda a entender algunos elementos esenciales: Priscila y Aquila siempre son nombrados como pareja y no individualmente, esto es una misión conjunta, no individual, abrazada desde la comunidad, como Iglesia; eran judíos, eran migrantes, habían abandonado Roma, hicieron la experiencia de ser migrantes. Eran fabricantes de tiendas, se hicieron misioneros acompañando a Pablo, proclamando y viviendo el Evangelio.
Al igual que Priscila y Aquila, quienes realizan su misión con las personas migrantes se exponen a múltiples desafíos: abrir las puertas de sus casas, trabajar en albergues y centros de atención, y responder a las necesidades que surgen en el camino. Se trata de una misión comunitaria, asumida por sacerdotes, religiosas, religiosos y personas laicas, muchas veces en colaboración con las propias personas migrantes.
Esta colaboración exige superar una mirada que reduzca a las personas migrantes a la condición de víctimas o usuarias de servicios Es necesario reconocerlas como protagonistas e invitarlas a participar activamente en esta misión. En algunos albergues se integran a la vida comunitaria, aportan a la formación humana y espiritual y colaboran en el sostenimiento y la construcción de los espacios compartidos.
Conclusión
Reconocer a las y los agentes pastorales como defensoras y defensores de los derechos humanos es reconocer que su servicio protege la vida y la dignidad de las personas migrantes. Esta reflexión se nutre de la experiencia del Programa de Acompañamiento a Personas Defensoras de los Derechos Humanos de la Población en Movilidad (PAPDH), de Scalabrinianas: Misión con Migrantes y Refugiados (SMR). Según la experiencia de acompañamiento de SMR, alrededor del 90 por ciento de las casas y los espacios de atención pertenecen a la Iglesia católica. En medio de numerosos desafíos, muchas personas sostienen esta misión con admirable generosidad. Velar por los derechos de las personas en movilidad es una forma concreta de vivir la vocación misionera y de reconocerse como defensora o defensor de la VIDA. La casa del Padre, casa de oración, es también la casa de todos los pueblos.
[1] Discurso de su Santidad Benedicto XVI “La responsabilidad de proteger los derechos humanos”, Encuentro con los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 18 de abril de 2008.
[2] Municipio mexicano ubicado en el noroeste del estado de Sonora.
[3] En México, una “casa de seguridad” es un inmueble utilizado por organizaciones criminales para llevar a cabo actividades ilícitas y ocultarlas de la acción de las autoridades.





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